martes 30 de junio de 2009

Simón y Lázaro


Se me dijo hace unas semanas que el arma más poderosa que tiene el Diablo en contra nuestra es la derrota que ya nos ha infringido: los pecados pasados, las debilidades pasadas... Se convierten en un muro grueso y formidable, muy dificil de romper, que nos impide ponernos otra vez en marcha, querer otra vez el bien y movernos por él... Esto es cierto: es difícil, es casi imposible superar el escándalo del propio límite, del propio pecado. Para mí, roza lo imposible. Y cada vez que vuelvo a caminar después de haberme caído, es un milagro que se opera para ponerme en marcha...

Es verdad que la libertad es una fuerza irreductible: porque no importa desde qué prisión de pecados se parta, desde el interior de qué mazmorra impenetrable seas convocado, la libertad se juega siempre igual... siempre radical... Sí o no. "¿Me amas?", como le preguntó Jesús a Pedro junto al Mar de Galilea (Jn 21). Pero decir "Sí" desde ahí dentro... desde detrás de esas murallas... es posible (siempre es posible) pero es tan... misteriosamente difícil.


La fuerza que mueve la libertad es la esperanza... Porque nadie se mueve realmente más que por un bien cuya bondad se derrama en tiempo, hacia el futuro. Desesperar es tan terrible... tan destructivo, tan monstruoso... más que cualquier bomba nuclear... más que todo. Pero desesperar es tan fácil... es una pendiente tan resbaladiza: una tentación tan estúpida y tan potente... La tentación de no ser, de morir.... La tentación de dejarse aplastar por el pecado.


Se necesita una gran fuerza para hacer ese único esfuerzo (¡mínimo!) en el que consiste la dignidad humana... Se requiere una gran fuerza para matar la pequeña muerte, para resucitar cotidianamente del fondo de la propia culpa. Se necesitaba que un Dios se hiciera hombre para devolvernos la fuerza de nuestra propia dignidad: la de decir, en medio de la oscuridad, "yo estoy hecho para la luz" o más simplemente "deseo la luz"... Se necesitaba que un Dios se hiciera hombre para hacernos hombres nosotros mismos...


Hombre... Acontecimiento... Fuerza, Potencia, Realidad presente... No recuerdo piadoso, no entrañable reminiscencia... ¡Hombre! ¡Hecho! ¡Rostro! ¡Presente! Para blandir otra vez esa fuerza irresistible que hace la diferencia entre los vivos y los muertos: la vocación. Es necesario volver a escuchar ahora, ahora mismo, aquella voz que dijo "¡Lázaro! ¡Sal fuera!"...
texto de Exequiel Monge (escrito el 30 de Junio de 2009)
¿Hasta dónde llevó el "sí" que Simón, Pedro el Apóstol, dio a Cristo ese día en el mar de Galilea?
El Martirio de San Pedro, de Michelangelo Merisi da Caravaggio (1571 - 1610)

domingo 28 de junio de 2009

San Pedro y San Pablo


Dignidad que alcanzó la ciudad de Roma por medio de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo; brillante elogio de ambos y confianza que Roma debe tener en su protección. Todo el mundo, dilectísimos, es participante de todas las santas solemnidades y la creencia de una misma fe exige que cuanto se conmemora como obra de la salvación universal se celebre en todas partes con común alegría. Sin embargo, la fiesta de hoy, aparte de la general reverencia que en todo el orbe de la tierra ha alcanzado, hay que honrarla con especial y propia alegría en nuestra urbe, para que, donde la muerte de los principales Apóstoles recibió glorificación, allí mismo en el día de su martirio alcance el mayor regocijo. Estos son los varones, Roma, que hicieron brillar sobre ti la luz del Evangelio de Cristo; y la que hasta entonces había sido maestra del error, te convertiste en discípula de la verdad. Estos son tus padres santos y pastores verdaderos que para incluirte en los reinos celestiales te fundaron mucho mejor y con más suerte que aquellos otros que con su trabajo echaron los primeros cimientos de tus murallas, y de entre los cuales el que te dio el nombre te manchó con la muerte de su hermano. Estos son los que te levantaron a tanta gloria que te hicieron gente santa, pueblo elegido, ciudad sacerdotal y regia y por medio de la sagrada silla de San Pedro, cabeza del mundo, de modo que más sobresaliste por la religión divina que por el imperio terreno. Aunque acrecida con muchas victorias, extendiste por mar y tierra el derecho de mandar, empero menos fue lo que avasalló tu labor guerrera que lo que sometiste con la paz cristiana. Pues Dios, bueno y justo y todopoderoso, que nunca negó su misericordia al género humano, y que a todos los mortales en general atrajo siempre a su conocimiento con abundantísimos beneficios, se compadeció con recóndito proyecto y superior piedad de la voluntaria ceguera de los que yerran y de la perversión que se inclina a lo malo, enviando a su Verbo igual a sí y coeterno. El cual hecho carne, de tal modo unió a la naturaleza divina la naturaleza humana, que su misma descensión a tanta humildad se convirtió en nuestra mayor elevación. Para desparramar por todo el mundo los efectos de tan inefable gracia preparó la Divina Providencia el Imperio romano, que de tal modo extendió sus fronteras que las gentes del orbe entero se avecinaron y acercaron. Venía muy bien para la obra divina (la predicación del Evangelio) que los varios reinos se confederasen en un solo Imperio, y así encontrase en seguida dispuestos la predicación general a todos los pueblos que estaban unidos por el régimen de una misma ciudad. Pero esta ciudad, desconociendo al autor de su encumbramiento mientras dominaba a casi todas las naciones, servía los errores de todas las naciones, y creía haber alcanzado un gran nivel religioso por cuanto no rechazaba ninguna falsedad. Así, mientras más era aherrojada con más fuerza que el diablo, tanto fue más admirablemente libertada por Cristo. Porque cuando los doce Apóstoles, después de recibir del Espíritu Santo la facultad de hablar todas las lenguas, se distribuyeron las partes del mundo para predicar el Evangelio, el beatísimo Pedro, príncipe del orden apostólico, fue destinado a la fortaleza del Imperio romano para que la luz de la verdad, que se revelaba para la salvación de todas las naciones, se derramase más eficazmente desde la misma cabeza por todo el cuerpo del mundo. ¿Pues de qué raza no habría entonces hombres en esta ciudad'? ¿O qué pueblos podrían ignorar lo que Roma aprendiese'? Aquí había que triturar las teorías de la falsa filosofía, aquí había que deshacer las necedades de la sabiduría terrena, aquí había que destruir la impiedad de todos los sacrilegios en donde con diligentísima superstición se había ido reuniendo todo lo que habían ido inventando los diferentes errores. Y a esta ciudad, tú, beatísimo Apóstol Pedro, no temes venir, y con tu compañero de gloria el Apóstol Pablo, ocupado aún en organizar las otras Iglesias, te metes en esta selva de bestias rugientes y caminas por este océano de turbulentos abismos con más tranquilidad que sobre el mismo mar ". Ni te arredras de Roma señora del mundo, tú, que en la casa de Caifás temblaste ante la criada del sacerdote. ¿Es que acaso estaba por debajo de los juicios de Pilatos o de la pasión de los judíos el poder de Claudio o la crueldad de Nerón? Es que vencía los motivos de miedo la fuerza del amor, ni querías temer a los que empezabas a amar. Este afecto de caridad tan decidida ya lo habías concebido ciertamente cuando la profesión de tu amor al Señor fue fortificado con el misterio de la trina interrogación. Y no otra cosa se te pidió sino que apacentares las ovejas de aquel a quien amabas con el mismo alimento con que tú mismo habías sido ya recreado. Aumentaban también tu confianza tantas señales milagrosas, tantos dones celestiales, tanta experiencia de virtudes. Ya habías instruido a los pueblos que habían creído de entre los circuncidados; ya habías fundado la Iglesia de Antioquía, en donde nació por primera vez la dignidad del nombre cristiano; ya habías empapado de las leyes de la predicación evangélica al Ponto, a la Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, y sin dudar de la eficacia de tu obra y sabiendo el espacio que te quedaba de vida, metías en los mismos alcázares de Roma el trofeo de la cruz de Cristo hacia donde te guiaban con divinas predicciones el honor de tu poder y la gloria de tu martirio. A la cual, saliendo al paso de tu bienaventurado coapóstol, vaso de elección y especial maestro de las gentes, Pablo se reunió contigo precisamente en el momento en que ya toda inocencia, toda dignidad y toda libertad padecía bajo el imperio de Nerón. Cuya locura, alimentada por el exceso de todos los vicios, le precipitó hasta tal torrente de insania de ser el primero que prescribió la atrocidad de una persecución general contra el nombre cristiano, como si matando a los santos se pudiera sofocar la gracia de Dios, para los cuales esto mismo era su mayor ganancia, pues el desprecio de esta vida perecedera se convertía en consecución de la felicidad eterna. Preciosa es desde luego, a los ojos del Señor, la muerte de sus santos (Ps., 115, 15), ni con ningún género de tormento puede destruirse la religión fundada con el misterio de la cruz de Cristo. No disminuye con las persecuciones la Iglesia, sino que aumenta, y siempre el campo del Señor se viste de más rica mies cuando los granos que cayeron uno a uno renacen multiplicados. Por lo cual con cuanta abundancia hayan retoñecido estos dos preclaros gérmenes de la divina semilla, lo demuestran los miles de bienaventurados mártires, que émulos de los triunfos apostólicos rodearon nuestra urbe vestidos de púrpura y brillando por todas partes, y la coronaron a manera de diadema engarzada con la honra de muchas piedras preciosas. Con la cual defensa, oh amadísimos, que nos ha sido preparado por Dios para ejemplo de paciencia y confirmación de nuestra fe, conviene alegrarse universalmente en la conmemoración de todos los santos, pero ante la superioridad de tales patronos con razón hay que regocijarse más. a los que la gracia de Dios a tal sublimidad levantó entre todos los miembros de la Iglesia, que a ellos los puso en el cuerpo del cual es Cristo cabeza como la doble luz de sus ojos. De sus méritos y virtudes que sobrepujan todo lo que la lengua puede decir, no debemos pensar nada distinto o separado, puesto que la elección los hizo compañeros, el trabajo semejantes y el fin iguales. Como nosotros mismos lo hemos experimentado y nuestros antepasados lo demostraron, creemos y confiamos, en medio de los trabajos de esta vida, que para alcanzar la misericordia de Dios seremos siempre ayudados con las Mociones de estos patronos especiales, para que cuanto nos abatimos con nuestros propios pecados, tanto nos levantemos con los méritos apostólicos. Por nuestro Señor Jesucristo, el cual tiene con el Padre y con el Espíritu Santo el mismo poder, una sola Divinidad por los siglos de los siglos. Amén.


San León Magno, Papa (pont. 440 - +461), Sermón para la solemnidad de San Pedro y San Pablo.
La pintura: de Doménikos Theotokópoulos (El Greco), San Pedro y San Pablo.

lunes 22 de junio de 2009

Letanía para la fiesta del Sagrado Corazón



Tu Voz habla:





¡Ahora quiero rezar el ardor del alma,


como se reza una gran letanía,


Quiero entonar el cántico de alabanza,


que no se canta, sino se ama!


Santo Corazón, divino Corazón, omnipotente Corazón,


Misterio rojo de todas las cosas:


¡Sé amado, Amor, eterno Amor, sé eternamente amado!





Tú, fogón en medio de la oscuridad del gélido mundo:


¡Sé amado, Amor!


Tú, sombra llameante


sobre todo brillo falso del mundo:


¡Sé amado, Amor!


Tú, candente hito entodo falso sosiego del mundo;


Tú, solitario Corazón, tú, llameante Corazón,


tú, inextinguible Corazón:


¡Sé amado, Amor!





Tú, Corazón, profundo como las noches, que ya no tienen faz


¡Sé amado!


Tú, Corazón, fuerte como las olas, que ya no tienen riberas


¡Sé amado!


Tú, Corazón, tierno como los pequeños,


que aún no saben de amargura:


¡Sé eternamente amado!





Tú, rosa de los rosales de los invisibles,


Tú, rosa del cáliz de la humilde Virgen,


Tú, rosal en flor,


en el cual cielo y tierra emparran:


¡Sé amado, eterno Amor!





Tú, Corazón real en el manto fluyente de tu sangre:


¡Sé amado, Amor!


Tú, Corazón fraterno en la salvaje burla de la corona de espinas:


¡Sé amado, Amor!


Tú, triturado Corazón en el rígido adorno de tus heridas de muerte;


Tú, Corazón despojado de tu trono, tú, traicionado Corazón,


tú, cruelmente martirizado Corazón:


¡Sé amado, Amor, eterno Amor, sé eternamente amado!





Tú, Corazón, en el cual los poderosos encuentran sus rodillas:


¡Te suplicamos por tu amor!


Tú, Corazón, en el cual los fríos encuentran sus lágrimas:


¡Te suplicamos por tu amor!


Tú, Corazón, en el cual aún ladrones y asesinos encuentran remisión,


Tú, gran Corazón, tú, indulgente Corazón, tú, glorioso Corazón:


¡Te suplicamos por tu amor!





Tú, árbol de flores encarnadas de nuestra alegría,


Tú, árbol de dolor de nuestro arrepentimiento,


Tú, bello crepúsculo de nuestros propios atardeceres:


¡Te suplicamos por tu amor!





Tú, paño escarlata, ante el cual empalidece mortalmente el pecado:


¡Te suplicamos por tu amor!


Tú, manantial rubí, por el cual todas las almas enfermas están sedientas:


¡Te suplicamos por tu amor!


Tú, suave cercanía, en la cual se encuentran los amigos separados:


¡Te suplicamos por tu amor!





Tú, farol de los afligidos,


Tú, faro de los perseguidos y desdeñados,


Tú, misterioso espacio en el cual podrán respirar suavemente los muertos;


Tú, omnisciente Corazón, tú, Corazón que todo juzga,


tú, último Corazón:


¡Te suplicamos por tu amor!


Tú, Corazón, que a todos nosotros aprietas contra su corazón,


Tú, Corazón, que nos llega en medio del corazón,


Tú, Corazón, que a todos rompes el soberbio corazón:


¡Te suplicamos por tu amor!


Tú, Corazón, en el cual la soledad llega a ser un gran pueblo:


¡Te suplicamos por tu amor!





Tú, Corazón, en el cual la soledad llega a ser un gran pueblo:


¡Te suplicamos por tu amor!


Tú, Corazón, en el cual el desgarramiento se transforma en UN solo pueblo:


¡Te suplicamos por tu amor!


Tú, Corazón, en el cual todo elmundo se transforma en TU pueblo:


¡Nos encomendamos a tu amor!


Tú, exuberante Corazón, tú, centelleane Corazón, tú, rugiente Corazón:


¡Sé amado, Amor, eterno Amor, sé eternamente amado!





Que tu día comience enardecido:


¡Nos encomendamos a tu amor!


Que tu día en nuestros corazones enardezca:


¡Nos encomendamos a tu amor!


Que tu día queme nuestros corazones en tu Corazón:


¡Nos encomendamos a tu amor!


Tu, poderoso Corazón, tú, ineluctable Corazón,


tú, Corazón que todo absorbe -





¡Fuego! ¡Fuego! ¡Arden los plumajes de los Ángeles!


¡Arden las espadas de los Querubines!


¡Arden los ardores de los cielos!


¡Arden las profundidades de la tierra! ¡Rocas y astros están en llamas!


¡Arde la añoranza de todas las creaturas!


¡Arde el espíritu en las oscuras cimas de los hombres!


De Amor todo se ha tomado, a Amor todo deberá volver:


chisporrotead santo, santo, santo, vosotras llamas de los Serafines!





Tú, Corazón, del cual los cielos toman su gloria,


Tú, Corazón, del cual todos los soles y astros toman su inicio y fin,


Tú, Corazón, del cual las benditas almas toman su bienaventuranza,


Tú, Corazón, dominador del mundo, tú, Corazón, domador del mundo, tú, solitario Corazón:

Amén. Amén. ¡Llege enardecido el día de tu Amor eterno!

Gertrud von Le Fort (1879 - 1971), en Himnos a la Iglesia

Hace ya algunos días que se celebró el día del Sagrado Corazón de Jesús. Subo este precioso poema-oración por dos motivos. Primero, en honor de mis queridos amigos lo sacerdotes misioneros de la Fraternidad de San Carlos Borromeo que el día del Sagrado Corazón están de aniversario de ordenación (sobre todo el padre Daniele, que acaba de ser ordenado en Roma). Agradecido por su amistad y su paternidad. En segundo lugar, porque esta devoción tan moderna era muy querida para don Giussani: él dijo una vez "Todo el movimiento, todo CL, brotó como un don de gracia del Sagrado Corazón de Jesús".

sábado 20 de junio de 2009

Hay que elegir




En este último tiempo me he dado cuenta que soy demócrata: que creo en la democracia, como la máxima expresión de mi compromiso con la realidad terrenal. Y al mismo tiempo me he dado cuenta de que esa democracia en la que creo - que por cierto debo aclarar que es la democracia republicana, y no la democracia "directa" de las mazas movilizadas - peligra seria y gravemente.




Este año hay elecciones presidenciales y parlamentarias, y por todos lados - entre personas no relacionadas institucionalmente con la política partidista - escucho un desánimo increíble: ninguna de las opciones presidenciales realmente gusta. Piñera no representa a la derecha; Frei no representa a la centro-izquierda; Enríquez-Ominami es demasiado joven y falto de experiencia. Pero, ¿por qué? ¿Por qué nadie quiere a estos pobres candidatos, a pesar de que vayan a votar por ellos porque hay que escoger el mal menor?




Porque la política partidista ha acogido criterios de márketing: porque los candidatos cambian sus programas y sus identidades para captar votos. Y esto invierte el sentido de la política: no ya el votante el que se identifica con el canditato, sino el candidato el que se identifica con el votante.


Y por eso tenemos a un extraño Eduardo Frei que, bien empinado sobre los sesenta años, aparece públicamente sin corbata, tratando de parecer juvenil y progresista. Y un Piñera que reduce su discurso a los aspectos técnicos y de gestión, dejando totalmente de lado aquellos ideales, aquellas convicciones que orientarían su hipotético gobierno.




Resulta que como Chile ha optado por posiciones siempre más progresistas y liberales - y de esto hay que responsabilizar a la televisión, el cine, la música... y sobre todo al mundo "conservador" por abandonar la riqueza de la tradición que pretende conservar -, hoy todos los candidatos quieren parecer progresistas, o esconder por lo menos la maldita pezuña del ser conservador.




La democracia se extingue así, con candidatos que venden sus identidades y programas, que engañan nuestra libertad con rostros confusos, para obtener el poder a como dé lugar. La democracia depende de que las diferentes posiciones sean representadas en forma clara y explícita, sin cambios ni concesiones, sin censuras. Y que la gente pueda elegir al que realmente prefiere sabiendo quién es y qué hará... Y si no hay ninguno que los represente, ¡pues que propongan algo nuevo!




Esa es para mí la grandeza de Marco Enríquez-Ominami, candidato por el que ciertamente no votaré. Es el único candidato que tiene su discurso claro y sin compromisos, y que ha obtenido la preferencia que tiene del apoyo de la población por ese discurso (liberal y progresista, sin mezclas de conservadurismo).




Yo votaré por Sebastián Piñera, pero no lo haré con gusto ni convencido. Sino sólamente porque Frei y Enríquez-Ominami han sido explícitos en su apoyo a ciertos movimientos e ideologías que se contradicen diametralmente con mis convicciones. Sin embargo, espero un día en que un derechista pueda expresar sus convicciones tal cual son; que un demócrata cristiano haga lo propio (y no tenga que salir a "conquistar el voto progresista"); y que un izquierdista pueda ser, frente a mi postura, un adversario honesto y claro. Entonces crecerán los partidos cuyas ideas sean creídas por más personas, y disminuirán aquellos que no sean apoyados, y votaremos por personas creíbles y serias, y no por mercaderes de discursos que cambian de color para comprar los votos de las personas.




El diálogo y la claridad de la propia identidad no son contradictorios, sino mutuamente necesarios. El diálogo no parte de que yo ceda en mis posiciones, sino en que discuta con otro a partir de ellas, y la razón brote de este encuentro. La homologación de las posiciones en aras de conseguir más votos es la muerte de la democracia....



martes 16 de junio de 2009

La jovencita y el criminal


He visto muchas cosas en una vida que, de tanto en tanto, me parece demasiado larga... De mercader se ven muchas cosas. A veces demasiadas...
Y vuelta con la historia de los bandidos de Marsella...
Los escuché, mocosos... Y no, se equivocan. Cuando estuve en Italia...
... los gitanos de Pavía...
No... No. No es ninguna de esas historias... Esas son historias ordinarias... Anécdotas... Divertimentos... No. En cambio esta noche estaba pensando en ella... He visto muchas cosas, pero pienso que toda mi larga vida fue como el marco de ese día en Siena... Y a su vez ese día en Siena fue como la cirio que alumbró toda mi vida...
No es que se día me haya cambiado, no... Como dicen que cambia la gente: un día son malos, y al otro son buenos. No. En todo caso antes de ese día yo no era mal tipo... y luego tampoco fui un santo. Pero... pero cada vez que rezo, desde entonces, pienso en ese día. Y casi todos los días pienso en ese día...
(se había hecho por fin el silencio. Los muchachos habian dejado de jugar a los dados y miraban al abuelo)
En Toledo un día entablé conversación con dos moros muy amables - no me miren así... hay moros amables... sobre todo en Toledo, digan lo que digan... Condenados como el que más, pero amables sí que son, en honor a la verdad... Me invitaron a comer algo y... no, no... no iba por ahí... - en fin... Lo importante es que uno de ellos me dijo: "Alá - que así le dicen a su dios, que dicen que es Dios - es predecible... No hace locuras... Nunca confiaríamos en un dios tan impredecible como el que ustedes los cristianos creen". Me fui rumiando esas palabras por el camino... sin entender muy bien qué había querido decir, aunque tenía mis ideas. Hasta que llegué a Siena.
La ciudad es linda Siena... con su catedral que entonces estaba recién terminada... es una ciudad grande y ordenada, si uno la compara con las otras ciudades italianas. A mí me gustó mucho... En fin, cuando la vi en el horizonte me paré con los caballos un poco, para descansar, porque me quedaba todavía media jornada de viaje y los animales bufaban. Me senté en una piedra, bajo un árbol, a capear el mediodía...
Cuando, de repente, veo que viene gente desde el lado de la ciudad... Estaban ya cerca de donde yo me encontraba, así que pude distinguir algunas cosas. Era una docena de hombres armados que venían caminando con paso grave, y ya de lejos pude distinguir los hábitos de dos predicadores... de los frailes de santo Domingo... los que van de blanco y negro...
Si, conocemos a los dominicanos... Sigue...
... Bueno, venían dos. No era dificil imaginar qué negocio se traían... sin duda era uno al que iban a ejecutar...
¿Afuera de la ciudad?
Sí bueno... los italianos.... no son franceses. A veces tienen ocurrencias extrañas. ¡En fin! Me hacen perder el hilo... La cosa es que me acomodé para mirar la ejecución: se dirigían a una loma cerca de donde yo estaba, así que tenía buena vista de todo, si alguno de los guardias no me tapaba. La colina estaba coronada con el tocón de un árbol muy a propósito... me figuro que lo habrán usado de patíbulo otras veces... Los italianos a veces tienen ocurrencias extrañas...
(los muchachos empezaron a impacientarse)
La cosa rara pasó cuando vi al prisionero que llevaban... Era uno de esos criminales italianos... Bueno, ustedes no tienen idea cómo son... No se parecen en nada a nuestros gañanes borgoñones que son como animales... que los ves por la calle y sabes que son de mala ralea... Sucios y mal encarados. No. Los maleantes italianos son apuestos y perfumados... y van vestidos de seda y tejidos bordados muy caros - yo sé algo de eso -, llevan la cara rasurada... y son cultos, altivos y blasfemos... No van a la muerte con el rabo entre las piernas, como hacen nuestros bribones, sino con cierto... desparpajo... cierto desprecio que debe venirles de los judíos o de los moros, sin duda. A mí me parece que el Diablo cuando lo lleven a juicio en el Último Día se parecerá más a un criminal italiano que a un bribón francés, aunque no soy teólogo para opinar de estas cosas... Habrá que esperar para saber...
Pero este tipo no era nada así. O ya no era así. O sea... Iba vestido de criminal italiano, con la seda un poco sucia por el calabozo y una barba ridícula, de dos o tres días... Pero no miraba con rabia ni con desprecio... ni con cara de blasfemo... Iba tranquilo, flanqueado por los frailes, tomado de la mano de una jovencita.
La jovencita era... era la más linda que nunca he visto. Me puse de pie para mirarla mejor, me acuerdo, y me hice visera con la mano para que no me molestara el sol, que bien alto estaba. Era mantellata... de las terciarias de Santo Domingo... pero no era vieja viuda como las otras mentellatas, sino jovencita y linda. Estaba lejos, pero podría jurar que tenía unos ojos verdes incomparables. No, no me malentiendan los muy sucios... No... No la miré mal... Era como una imagen de Nuestra Señora que un día hubiera cobrado vida y se hubiera bajado de la fachada de la catedral, ¿me entienden? Con su velo blanco y su capa negra... Tan pequeñita y frágil, que te hacía conmover... Iba de la mano del criminal ese, que sabe Dios qué crimen había cometido, como si fuera su hermana mayor... o su madre... pero él era mayor que ella, sin duda. Después supe su nombre... toda Siena lo repetía... toda Italia lo repetía... ahora lo repite toda la Cristiandad... Catalina Benincasa... Catalina de Siena...
El fraile, que dicen que era hermano de ella... un tal Tomás... hizo sobre la frente del pobre condenado la señal de la cruz... Con dulzura, con misericordia, y él se arrodilló dócil para recibirla. No me malentiendan: el hombre temblaba. Tenía la ropa pegada al cuerpo de tanto sudar de miedo.... las manos juntas frente al pecho le temblaban como arrebatadas de frío... A lo mejor estaba llorando, pero yo no lo sé. El fraile, claro... buen fraile... le dio la bendición y retrocedió. Los guardias, claro, estaban más lejos... pero no presionaban... no estaban ahí molestando lo que ocurría... Veían lo mismo que yo. Ella se arrodilló frente a él, como él, y lo miró. No sé qué le dijo - ¿cómo saberlo, si yo estaba lejos? -... Pero algo le dijo... Estaba ahí para él, frente a él... como él... Le tomó las manos al condenado, y se las besó, y le besó la frente, y lo abrazó. Y él temblaba como un niño... Sí, me acuerdo que temblaba con sollozos, igual que un niñito. Estuvieron así un rato. Yo no sabía muy bien qué hacer, o qué pensar... Me puse a rezar...
Entonces vinieron los guardias y lo tomaron por los brazos... Lo levantaron del suelo. Él se resistió un poquito, pero ella lo calmó. Se quedó frente a él todo el tiempo... como para que él la viera siempre... Lo llevaron frente al tocón y lo obligaron a arrodillarse ahí. Ella le tomó el rostro... le puso las manos sobre las mejillas, y él se calmó. Se arrodilló. No le vendaron los ojos. Lo inclinaron sobre el tocón... Ella no le quitaba las manos del rostro, obligándolo a mirarla siempre. Vi un resplandor metálico, me acuerdo... Sería el hacha que la habían desenfundado, pero ni me fijé - con lo que me gustan las hachas -... No le podía quitar los ojos de encima a la jovencita que sostenía el rostro, la cabeza, del criminal ese... Y no lo soltaba... y no soltaba...
El hacha se levantó y el hacha bajó rápidamente... pero cuando separó la cabeza del cuerpo, la cabeza no cayó a un lado, como siempre... o en un canasto... No... Ella... ella no la había soltado. La cabeza cayó en el regazo de la muchacha... la sangre le manchó el rostro y las manos; y la cabeza ensangrentada, que aferraba contra su pecho como si fuera un niño pequeño, le empapó el hábito blanco... que quedó rojo... rojo...
Todo estaba en silencio, como pasa siempre cuando alguien muere... Sabe Dios por qué, eso también es así en Italia... El cuerpo estaba quieto y torcido, sobre el tocón... Los guardias estaban quietos. El fraile tenía la cabeza gacha. Pero ella estaba ahí... llorando... echa un ovillo, doblada sobre la cabeza ensangrentada de ese pobre pecador...
¿Quién lo iba a decir, no? ¿Quién lo iba a decir? Que Dios le daría a ese pobre infeliz... a ese pecador y criminal... culpable quizás de qué atrocidad... le daría el morir así... El morir acompañado, mimado así por esa niña preciosa, por esa santa preciosa... Tan tierna como sólo Nuestra Señora pudo ser... Es impredecible Dios... Así... así prefiere a los pecadores, que en el fondo son los miserables... los peores miserables... los pobres del alma... los hambrientos del alma... Así prefiere a los miserables... Nos pide que seamos justos, y sigue prefiriendo a esos miserables... Al principio creí que los moros esos tenían razón... que en Cristo no se podía confiar... Y entonces pensé... mejor... entonces me di cuenta que yo también soy un miserable, un pecador... Y entonces pensé que Dios no es impredecible: Dios es fiel... Dios también tendrá conmigo una misericordia así... Y con ustedes, mocosos... También con ustedes... Así es su fidelidad: así es Su ternura.

sábado 6 de junio de 2009

El Viaje


Fammi camminare ancora,

ho perso tanto tempoe

non credevo che fosse così questo viaggio.

Ho incontrato per strada uomini con due facce

che volevan rubarmi la voglia e il coraggio,

non ho più né padre né madre e non son meglio di loro,

e i bambini già grandi ci guardano e chiedono un segno.


Hazme caminar todavía,

he perdido tanto tiempo

y no creía que fuera así ese viaje.

He encontrado hombres con dos caras

que querían robarme las ganas y el coraje,

no tengo ya más padre ni madre, ni soy mejor que ellos,

y los niños ya grandes nos miran y piden un signo.


Cuando hallamos el mar era feliz de veras,

me revelaste todo lo que yo ya sabía:

mi vida de antes, las ganas de cambiar

y también el nombre de ella, que tenía en secreto.

Tu escuchabas a todos hablar, luego hablaste de ti,

de ese mundo lejano, lejano, lejano pero verdadero.


Después caí en los enredos del odio y del poder

y creí estar fuera del juego,

y creí estar fuera del juego.

Y he aquí la ciudad, con sus murallas de oro,

los centinelas sobre las torres, florecida de árboles y jardines…

Yo no la había visto jamás,

y sin embargo ahí había nacido

y era esta la ciudad a la que retornaría…

Así dentro de la noche dejé la compañía,

no podía más ser uno de ellos,

no podía mas ser uno de ellos.

El sol de la mañana me encontró sobre la marcha

Recuperando el tiempo que había perdido:

he atravesado las montañas, he atravesado el mar

y ahora quiero contigo continuar mi viaje.

Yo Te busco en todas las casas,

a todos hablo de Ti

Y de aquel mundo lejano, lejano y ahora siempre más verdadero!


Canción Il Viaggio, de Claudio Chieffo (1945 - 2007)
En la foto, caminata en silencio por los Alpes, en Ejercicios del "Equipe Internacional" de CLU, 2008. (tomada por Exequiel Monge)

jueves 4 de junio de 2009

Ser hecho


Me preparé una infusión de manzanilla. Lo hago bastante seguido, ya que no tengo muy buena digestión, y estoy seguro que esta hierba me ayuda a calmar un poco la tripa. En todo caso, es culpa mía, en buenas cuentas: soy yo el que come mucho más de lo que debiera... Me sorprende cuando la gente se ríe o no entiende por qué la gula es pecado, siendo que casi todo el mundo come sin hambre... y que comer por placer (como acostarse por placer) es, al entender de la mayoría, un derecho humano.

En fin. Percibí algo mientras llenbaba el tazón de agua hirviendo, y viendo cómo se teñía con los típicos brillos dorados, y abajo el cobre del azucar. El tazón grande, no muy limpio, apoyado sobre un pobre cuaderno de notas; las volutas del vapor, y la luz de las 10 AM que entraba, majestuosa e inadvertida por la ventana. Y yo en pijama en la cocina, perdiendo el tiempo como un emperador...

Todo está bien. Dios me lleva por la vida, me cuida y me defiende... Me permite comer más de la cuenta, y tomarme una infusión de manzanilla para que se me pase el empacho. O tomar más cerveza de la que debería... Y perder el tiempo un jueves a las diez de la mañana, y luego pasarme la noche en vela estudiando... Dios está. Qué descortés soy de no rezar siempre, de no agradecérselo siempre. Pero Dios está, colmándome de ridículos privilegios caseros...

Eso es lo propio de los católicos... o lo era. Que le obedecemos a Dios como un caballero a un rey joven, santo y amado (como san Luis IX). Lo tratamos de "Tú". Le obedecemos alegremente, o a regañadientes pero con secreta alegría. Pecamos, lo reconocemos, pedimos perdón y Él nos perdona. Y ya. Y se acabó el tema... Bueno, Peguy habló mucho mejor que yo de todo esto.

El otro día un amigo me dijo: "Tú eres católico como eres colocolino". Y no... Para ser colocolino no tengo ninguna razón: el propio equipo de fútbol es como una familia, o una patria de elección, a la que uno trata como debería tratar a la familia y a la patria... Si el equipo es bueno, se lo felicita; si es malo, se lo corrige y se lo apoya para que mejore, y no vaya a desplomarse. Para ser católico tengo razones, grandes razones (muy reales, muy carnales), pero también lo soy con un afecto, con un apego, con un cierto "patriotismo" de hijo, de súbdito feliz... Cristo es mi Rey (y en cierto modo mi Príncipe, bajo Su Padre Eterno el Rey del Universo), María es la Reina Madre, mis Santos patronos son mis señores: frente a ellos me arrodillo, junto las manos como en el antiguo gesto de la comendatio. Y claro que pido razones (soy un hombre, no una bestia; un servidor, un hijo... no un esclavo), pero obedezco primero... ¿Es tan raro? ¿Tan difícil de entender? Es que hace mucho tiempo que no hay reyes... Que te hagan sentirte tan tranquilo, tan seguro, preparándote una infusión de manzanilla.



Exequiel Monge Allen (4 de Junio de 2009).
Fotografía tomada por María Paz Salgado en el cementerio de Zapallar-Papudo (2009)